Roger Waters se prepara para su multitudinaria maratón de shows en River

04/03/2012 | 12:57

Días antes de llegar a la Argentina, donde ha despertado una fiebre inusitada –dará nueve conciertos en el estadio de River Plate, los días 7, 9, 10, 12, 14, 15, 17, 18 y 20–, el músico británico Roger Waters cautivó al público que colmó el Estadio Nacional de Chile este fin de semana, en dos oportunidades. Tanto la prensa trasandina como los numerosos fans de ese país se rindieron ante la magnitud de un show que la famosa revista norteamericana Billboard consideró hace muy poco como uno de los dos mejores que se pueden ver en la actualidad –el otro es el elefantiásico 360 Tour de los irlandeses U2–.

El concierto de Santiago del viernes, presenciado por 45 mil personas, tuvo varios momentos intensos. El recuerdo para Víctor Jara, secuestrado y asesinado en el propio Estadio Nacional en 1973 por la dictadura de Augusto Pinochet, fue uno de los más emotivos. Luego de interpretar Another Brick in the Wall Part 2, con un grupo de niños chilenos que subió a escena para gritarle en la cara a un enorme títere que representa a un autoritario profesor escolar, el clásico “we don’t need no education / teachers leave the kids alone”, Waters se dirigió por primera vez al público para decir: “Gracias, buenas noches, Chile. Primero quiero felicitar a los niños de Santiago con un gran aplauso. Y quiero dedicar este show a la memoria de Víctor Jara y a todos los otros desaparecidos del régimen militar. Los recordaremos siempre”.

De inmediato, interpretó la canción dedicada a Jean Charles de Menezes, el electricista brasileño asesinado por la Policía Metropolitana inglesa en la estación de metro de Stockwell (Londres), el 22 de julio de 2005, al ser confundido con un terrorista islámico. El tema había sido estrenado en vivo en un show que Waters dio en Berlín en junio pasado, en el marco del The Wall Live, el tour que lo traerá a Buenos Aires.

La apertura del espectáculo, en medio de una lluvia de fuegos artificiales, fue con In the Flesh, la canción en la que Pink, el alienado protagonista de The Wall, alucina debido al abuso de drogas y se cree un dictador fascista que arenga a una multitud. Y los puntos más altos fueron la interpretación de Mother –acompañada de audio y video de un show en Earls Court (Londres) en 1980 y cargada de mensajes políticos proyectados en el muro que se va construyendo gradualmente en el escenario durante todo el show y que queda casi completo a la altura de otros dos temas muy celebrados por la gente–, Another Brick in the Wall Part 3 y The Last Few Bricks, paso previo a la sintética Goodbye Cruel World (dura poco más de un minuto), tras la cual Waters dejó el escenario para el intervalo.

La banda, integrada por Snowy White (guitarra), Dave Kilminster (guitarra), G.E. Smith (guitarra y bajo), Jon Carin (teclados), Harry Waters (órgano Hammond) y Graham Broad (batería) –además del propio Waters, quien canta y toca guitarra y bajo– volvió al escenario con Hey You.

De ahí hasta el final, los momentos más calientes fueron la extraordinaria Comfortably Numb –con el famoso solo original de David Gilmour reproducido con eficacia y espectacularidad por Kilminster– y el público en llamas, una muy celebrada Run Like Hell –iniciada luego de que Waters vociferara “si hay algún paranoico en el estadio esta noche, esto es para él”–, y el cierre acústico con Outside the Wall, precedida por una dedicatoria a la lucha de los estudiantes chilenos y a la población de Aysén, que viene protestando enérgicamente desde hace un tiempo por el elevado costo de vida y el aislamiento que sufren en esa zona de la Patagonia chilena.

Fotos: AFP

Diario Perfil